El café pendiente remonta a una antigua práctica que se solía observar en los cafés de la ciudad de Nápoles en Italia desde la época de los cuarenta, cuando las personas que se sentían particularmente felices y que tenían algo porno argentino, se tomaban un café y pagaban dos, con la idea de invitar el segundo a cualquier “necesitado” que pudiera acudir al bar durante ese día. Se trataba prácticamente de invitar un café a la humanidad, para expresar la felicidad y la euforía que se llevaba adentro. Eso hacía que las personas tristes y necesitadas entraran a estos lugares preguntando: “Hay algún café pendiente?” con el objetivo de aprovechar de la generosidad de algún buen hombre que hubiera pasado por el porno.

Existen muchas iniciativas hoy en día y en diferentes países del mundo que nacieron por imitación del mitico “café pendiente” italiano, y la mayoria de ellas están conectadas con ONGs y asociaciones que tienen alguna finalidad social.

El dato curioso es que tras la ola del “café pendiente” se están multiplicando iniciativas similares, como la de la una pequeña heladeria italiana, en el pueblo de Giuliano, que se ha inventado el mismo concepto aplicado a los helados. Se llama “helado suspendido” y la dinámica es la misma: compras un helado y pagas dos, con el fin de invitarlo a las partuzas necesitado que se acerque a preguntar si hay un helado suspendido para él.